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El divorcio es normal

Despu√©s de cuatro a√Īos y 158 d√≠as de separaci√≥n, la oficina de mi abogado envi√≥ este correo electr√≥nico anticlim√°tico y comercial:

"Hemos recibido una copia certificada de la sentencia de divorcio

del Secretario del Condado de Westchester hoy".

La noticia no fue una sorpresa. Hab√≠a firmado el documento de separaci√≥n legal un par de meses antes ante notario. Hab√≠a pasado a√Īos, de forma intermitente, abogando, negociando -y s√≠- llorando de rabia y tristeza mientras lo discut√≠a. Sab√≠a que se avecinaba. Pero, al igual que recibir la noticia de la muerte de una persona muy mayor o enferma -cuando sabes que sus d√≠as est√°n llegando a su fin-, la p√©rdida sigue siendo devastadora.

Anuncié a mis amigos y familiares que el divorcio había finalizado. Me enviaron mensajes de felicitación...

¬°Adelante!

Bienvenido a tu próximo capítulo.

...y todas esas otras gilipolleces que la gente dice porque se sienten inc√≥modos cuando est√°s triste, pensando que unas palabras de √°nimo es todo lo que necesitas para ver el lado bueno. Lo siento amigos... no hay nada edificante en el hecho de que un juez que no me conoce ni a m√≠ ni a mi marido, tenga poder con un gran sello de goma de DIVORCIO terminando oficialmente mi matrimonio de 30 a√Īos. No importa cu√°les sean las razones del divorcio, los finales apestan a pesar de la promesa de que se sigue con un nuevo comienzo.

Durante estos cuatro a√Īos y 158 d√≠as de separaci√≥n, hab√≠a vivido una vida independiente y plena sin √©l. He renovado mi relaci√≥n conmigo misma y he aprendido a quererme con todos mis dones y defectos. Pero sigo necesitando tiempo para hacer el duelo y el luto.

Record√© una entrada del diario de hace cuatro a√Īos, despu√©s de que mi marido y yo acord√°ramos el divorcio:

Oh, Gwyneth Paltrow, hab√≠a pensado que el t√©rmino "desacoplamiento consciente" era pretencioso. ¬ŅPor qu√© no puedes ser como las masas y llamarlo como lo que es: DIVORCIO? Pero ahora me disculpo. La palabra DIVORCIO es dif√≠cil de decir. Me golpea en las tripas.

Un mes después de mi sentencia oficial, la palabra DIVORCIO todavía no tropieza fácilmente con mi lengua.

Es l√≥gico que el divorcio sea m√°s alto entre los 55 y 64 a√Īos, con un 43%, cuando las parejas por fin respiran limpiamente por encima de las interminables olas de la crianza de los hijos y descubren que no se reconocen en las aguas tranquilas.

Cuando nuestros hijos se independizaron, visualicé idealmente una especie de renovación matrimonial. Planeé viajes y vino después del trabajo en nuestro jacuzzi. Compré ropa interior nueva en previsión del buen sexo. Estaba deseando volver por fin a nuestra historia de amor con los beneficios adicionales del dinero, la historia y la experiencia vital. También había pensado que el divorcio era una excusa para las parejas que dejaban de intentarlo, se volvían egoístas y obstinadas. Para mí, el divorcio no era una opción.

Pero no le interesaban los jacuzzis ni mi ropa interior sexy. Para √©l, el divorcio era la √ļnica opci√≥n.

"Sólo tenemos que ponernos unas metafóricas botas de agua y ropa de mal tiempo", le dije a mi terapeuta. "Podemos salir de este lío".

"Ning√ļn buen matrimonio ha terminado en divorcio", dijo. "Todas las cosas buenas -y las malas- tienen que llegar a su fin. Las relaciones no son una excepci√≥n. Y eso est√° bien".

Me enteré de que la estadística de divorcios del 43% no cuenta con los millones de parejas que comparten casa pero no vida; que no solicitaron el divorcio por motivos fiscales; o las ocasiones en que un cónyuge se marchó sin dirección. Resulta que el final de mi matrimonio fue la norma, y no la excepción.

Me consoló saber que mi matrimonio no pasó de la columna del éxito a la del fracaso. El divorcio, o la desvinculación consciente, o como quieras llamarlo, es sólo una parte de la vida. El divorcio es normal. Y eso está bien.

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