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Soy el sostén de mi familia y me enoja mucho que la gente suponga que no lo soy

hand of female holding piggy bank while holding it on pink background

En un viaje reciente a nuestro restaurante local, mi marido y yo terminamos nuestra comida y pedí la cuenta. Cuando la camarera regresó, la puso delante de mi marido. Ligeramente molesta, lo desplacé a mi lado del reservado y coloqué la tarjeta de débito a mi nombre encima de la cuenta. A su regreso, la joven camarera la recogió y sonrió. Varios minutos después, regresó y volvió a colocarla delante de mi marido. Yo estaba disgustada, pero traté de disimularlo.

Dos semanas más tarde, ocurrió lo mismo en otro restaurante. Estos momentos me hicieron sentir como si hubiera viajado en el tiempo a los anticuados días en los que las mujeres dependían de los hombres para traer el tocino a casa, mientras que se esperaba que las mujeres lo freyeran. Me enfurecí en silencio porque, como principal sostén de nuestro hogar, puedo ver de primera mano cómo este tipo de pensamiento hace retroceder a las mujeres (y a los hombres).

Las mujeres llevan décadas luchando por la igualdad de género. La brecha salarial de género, la igualdad de derechos en el lugar de trabajo y la igualdad de acceso al crédito son batallas que las mujeres han forjado y siguen forjando para demostrar que son fuerzas formidables en todos los aspectos de la vida, incluido el mundo laboral. Las mujeres, especialmente las de color, han tenido muchas paradas y comienzos en el camino.

Una de las victorias -sin la cual, mis experiencias en el restaurante no se habrían producido- llegó en 1974 con la aprobación de la Ley de Igualdad de Oportunidades de Crédito, que prohíbe la discriminación crediticia de una persona por su raza, sexo, religión y origen nacional, permitiendo a las mujeres obtener tarjetas de crédito sin sus maridos. Antes de eso, a menudo se les pedía que llevaran a un hombre para que cofirmara una tarjeta de crédito, incluso (o especialmente) si eran solteras, divorciadas o viudas.

Avancemos hasta 2021, cuando seg√ļn un estudio de 2021, el 70% de las madres, ya sean solteras o con pareja, se convertir√°n en las principales responsables de los ingresos de su familia en alg√ļn momento antes de que sus hijos cumplan los 18 a√Īos. Afortunadamente, los tiempos han cambiado. Pero no todo el mundo se ha dado cuenta.

Para Jill Robbins, escritora independiente, esposa y madre de Texas, el problema no fue un cheque extraviado en un restaurante, sino la compra de un coche. Cuando ella y su marido fueron al concesionario, Robbins, que había investigado y sabía lo que quería, fue quien habló. Sólo había un problema: el vendedor de coches no estaba dispuesto a escuchar. En lugar de ello, siguiendo los peores estereotipos de los empleados de los concesionarios, se negó a dirigirse a ella, e incluso puso los ojos en blanco cuando ella hizo una pregunta.

Fue el marido de Robbins quien tuvo que decirle al vendedor de coches que debía hablar (y escuchar) a Jill porque ella iba a tomar la decisión. Aunque el vendedor acabó entendiendo y empezó a dirigirse a Robbins, ella dice: "Ojalá me hubiera marchado solo para demostrar mi punto de vista".

Aunque el vendedor de coches en esta situaci√≥n no perdi√≥ la venta, podr√≠a haberlo hecho f√°cilmente. Hacer suposiciones sobre qui√©n es el sost√©n de la familia puede da√Īar las relaciones tanto profesionales como personales. Michelle Combs, bloguera y programadora inform√°tica de Connecticut, tuvo una experiencia similar a la de Robbins, s√≥lo que su mala experiencia provino de un miembro de la familia: "Una vez est√°bamos en una reuni√≥n familiar, cuando nuestro hijo era un beb√©, y mis primos llamaron a mi marido Sr. Mam√°", dice Combs. El comentario le sent√≥ mal a Combs, ya que implicaba que las tareas dom√©sticas eran masculinas o femeninas, y cruzar la l√≠nea le expon√≠a a uno al rid√≠culo. " Nunca hemos vuelto a asistir a otra reuni√≥n de ese lado de la familia. Si me faltan al respeto a m√≠ o a mi familia, no quiero tener nada que ver con ellos".

Soy el sostén de mi familia y me enoja mucho que la gente suponga que no lo soy

Un estudio de la Oficina del Censo de 2018 reveló algunos detalles interesantes sobre la disparidad de ingresos entre maridos y esposas. El estudio comparó los ingresos reportados en la Encuesta de Población Actual con los registros de impuestos sobre la renta que mostraban los ingresos "reales" de la pareja. La brecha entre los ingresos era 2,9 puntos porcentuales más alta para los maridos cuyas esposas eran el principal sostén de la familia y 1,5 puntos porcentuales menos para las esposas que ganaban más que sus maridos.

Estos resultados son alarmantes porque sugieren que las mujeres suelen sentirse avergonzadas cuando ganan m√°s que sus maridos. (O tal vez sea lo contrario: Los maridos se averg√ľenzan cuando ganan menos que sus esposas). En cualquier caso, el hecho de que las mujeres sientan la necesidad de ocultar los avances que han hecho me enfada y me entristece. Aunque no hago alarde de mi condici√≥n de sost√©n de la familia, s√≠ la utilizo para mostrar a mis hijas lo lejos que hemos llegado. Como mujeres, no deber√≠amos avergonzarnos de poder mantener econ√≥micamente a nuestras familias. Estoy orgullosa de poder hacer lo que hago por mis hijos y mi marido, y ellos tambi√©n.

Otro problema para muchas mujeres casadas con hombres que se encuentran en situación de igualdad de ingresos o de ser las principales ganadoras es que sus parejas no han dado un paso adelante para compartir las mismas obligaciones en el hogar. Elizabeth, una farmacéutica de Georgia, es un buen ejemplo. Aunque ella es el principal sostén de la familia, sigue haciendo más trabajo invisible en casa que su marido: completar el papeleo, concertar todas las citas, lavar toda la ropa excepto la suya y limpiar la casa.

Como mujeres, no deberíamos avergonzarnos de poder mantener económicamente a nuestras familias.

Y no es la √ļnica: Seg√ļn una encuesta de Gallup de 2019, el 58% de las mujeres de las parejas heterosexuales de Estados Unidos son m√°s propensas a lavar la ropa, mientras que solo el 13% de los hombres son m√°s propensos a realizar esta tarea dom√©stica. Lo mismo ocurrecon la limpieza, ya que el 51% de las mujeres son m√°s propensas a hacer la limpieza en casa, mientras que la estad√≠stica se reduce al 13% en el caso de los hombres. "Servir como principal sost√©n de la familia y como principal ama de casa puede ser agotador", se√Īala un estudio de la Universidad de Chicago, que encontr√≥ que los matrimonios heterosexuales con una mujer como sost√©n de la familia tienen un 50% m√°s de probabilidades de terminar en divorcio. Por otro lado, desestigmatizar la idea de la mujer como contribuyente principal y equitativa a las finanzas del hogar es algo que beneficia a todos: no s√≥lo ayuda a las mujeres, permiti√©ndoles sentirse c√≥modas en su papel y buscar ayuda equitativa con las responsabilidades del hogar y el cuidado de los ni√Īos, sino que tambi√©n permite a los hombres sentirse menos presionados por tener que ser el principal sost√©n de la familia.

April Salazar, editora de Nueva Jersey, es el principal sost√©n de su matrimonio. La madre y esposa siente un reparto equitativo de las responsabilidades dom√©sticas y del cuidado de los hijos y se alegra de que su marido lo consiga. Sin embargo, entiende lo dif√≠cil que puede ser para el mundo cambiar sus puntos de vista sobre el panorama siempre cambiante de las normas de g√©nero: "Es molesto que nuestra hipoteca est√© dirigida a mi marido, mientras que los art√≠culos relacionados con nuestro hijo tienden a ser dirigidos a m√≠", dice Salazar. Como en tantas cuestiones relacionadas con la igualdad de g√©nero, parece que a√ļn tenemos mucho por lo que luchar.

En cuanto a m√≠, voy a asegurarme de que soy m√°s vocal a la hora de afirmar que ser√© yo quien pague la factura. Ya sea en un restaurante o en relaci√≥n con una factura como la de mi hipoteca, quiero que la gente sepa lo lejos que hemos llegado y lo valiosos que somos en el mundo (y en nuestras familias). Estoy orgulloso de mi contribuci√≥n y del papel que desempe√Īo en mi familia.

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