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Tuve una menopausia precoz a los 24 a√Īos

beth dreher photographed at the peak of a mountain looking over body of water

El calor comenz√≥ en mi cuello, justo debajo de mis orejas, y se movi√≥ lentamente hacia arriba. Pronto, el calor eman√≥ de mi cuero cabelludo como si hubiera comido un pimiento picante. Mi cara se sonroj√≥; no pod√≠a verlo, pero s√≠ sentirlo. El dorso de mis manos se humedeci√≥ de sudor. Todo mi cuerpo se sent√≠a extra√Īa, inc√≥moda y repentinamente muy caliente.

Si eres una "mujer de cierta edad", reconocer√°s los signos reveladores de un sofoco. Pero yo ten√≠a 24 a√Īos y no estaba muy segura de lo que ocurr√≠a. Era una de las muchas cosas inesperadas que le ocurr√≠an a mi cuerpo en esa √©poca, y para entonces, me lo tomaba como un d√≠a a d√≠a.

Meses antes de mi primer sofoco, me sent√≠a inusualmente hinchada y con calambres. A veces, sent√≠a un dolor agudo en el lado derecho del abdomen. Apenas dos a√Īos despu√©s de haber jugado al f√ļtbol universitario de competici√≥n, ahora me sent√≠a demasiado inc√≥moda incluso para hacer un trote lento. Un m√©dico me diagnostic√≥ s√≠ndrome del intestino irritable; otro pens√≥ que ten√≠a una infecci√≥n urinaria. Ninguno de ellos parec√≠a tan preocupado. Sin embargo, yo s√≠ lo estaba. Despu√©s de una ma√Īana de dolor abdominal especialmente molesto y de frustraci√≥n acumulada, fui a un centro de urgencias. Un m√©dico me hizo una ecograf√≠a, me diagnostic√≥ quistes en los ovarios y me recet√≥ anticonceptivos.

El médico me explicó que tenía una gran masa en el abdomen, que envolvía los ovarios.

Tres meses después, tenía que ir a la consulta de mi ginecólogo para un seguimiento del diagnóstico de quiste ovárico. Le conté mi experiencia -seguía sintiéndome hinchada y sin apetito, y los anticonceptivos no habían hecho mucho, que yo supiera- y me llevó a una sala de exploración para hacerme otra ecografía.

Despu√©s, me explic√≥ que ten√≠a una gran "masa" en el abdomen, que envolv√≠a los ovarios, sin duda la causa de mis s√≠ntomas. Al principio, sent√≠ una extra√Īa sensaci√≥n de alivio. Por fin alguien reconoc√≠a que algo iba mal. Pero cuando me mand√≥ a un onc√≥logo "por precauci√≥n", el alivio se convirti√≥ en negaci√≥n. Seguro que no es nada.

Apenas tres d√≠as despu√©s, los m√©dicos me extirparon la masa (del tama√Īo de un mini bal√≥n de Nerf, seg√ļn me dijeron), los dos ovarios y el ap√©ndice, que desgraciadamente se hab√≠a mezclado en todo ello. Me diagnosticaron un c√°ncer de ovario en fase IV.

Tuve una menopausia precoz a los 24 a√Īos

Entrando en la menopausia temprana y quir√ļrgica

As√≠ es como me encontr√©, mucho antes de tener una vajilla decente, en la menopausia. Aquel sofoco era, seg√ļn descubr√≠, un s√≠ntoma de la menopausia, en la que me hab√≠an metido quir√ļrgicamente con la extirpaci√≥n de los ovarios. Mi diagn√≥stico se redujo al estadio I, pero los m√©dicos detectaron, no obstante, "una sombra" en una exploraci√≥n de seguimiento unos meses despu√©s, y me sometieron a una histerectom√≠a total para extirparme el √ļtero, las trompas de Falopio y el cuello uterino.

Al igual que muchas mujeres en la menopausia (que, por supuesto, suelen tener entre 40 y 50 a√Īos), mis s√≠ntomas eran muy variados. No dorm√≠a bien, sobre todo a causa de los sudores nocturnos, y ten√≠a una menstruaci√≥n aleatoria, lo cual es raro pero no inaudito despu√©s de una doble ooforectom√≠a. Tuve unos cuantos ataques de llanto completamente arbitrarios y fuera de lugar. Tal vez fueran mis hormonas en ebullici√≥n o la liberaci√≥n de las emociones -el shock, la pena, la ira- que hab√≠a reprimido durante los meses anteriores (o un poco de ambas cosas), pero de repente me sent√≠a superada.

Por supuesto, la menopausia no era tan mala como, por ejemplo, la posibilidad de que el c√°ncer volviera a aparecer. Adem√°s, hab√≠a mucho que agradecer, especialmente mi trabajo con beneficios. No muchos j√≥venes de 24 a√Īos tienen tanta suerte. Pero a√ļn as√≠. Era mucho.

Durante ese tiempo, mi principal sistema de apoyo consist√≠a en mi novia y una buena amiga. Pero, ¬Ņqu√© sab√≠amos de la menopausia, el c√°ncer, la quimioterapia, el miedo a la recurrencia, la p√©rdida, la muerte? Todas est√°bamos en la veintena: cuidar no era realmente una habilidad que nadie hubiera adquirido y yo no sab√≠a c√≥mo anticiparme o pedir lo que necesitaba. Sin embargo, hab√≠a una tarea de la que sab√≠amos que pod√≠amos encargarnos y que ten√≠a que ver con la maquinilla de afeitar el√©ctrica del novio de mi amiga. Alrededor de una semana despu√©s de la quimioterapia, se me empez√≥ a caer el pelo hasta los hombros. As√≠ que un domingo soleado, los tres apartamos los muebles del comedor, colocamos una "silla de barbero" en el centro de la habitaci√≥n y me cortamos el pelo. Fui al cuarto de ba√Īo para comprobar los resultados, esperando un momento de "√≥yeme rugir" de G.I. Jane. Pero estaba p√°lida, con los ojos apagados y el pelo desordenado. Segu√≠a enferma, pero ahora ten√≠a el pelo mucho m√°s corto.

El cuerpo que creía conocer

La menopausia y el c√°ncer a los 24 a√Īos fueron una lecci√≥n para aceptar un cuerpo que cre√≠a conocer, un cuerpo que hab√≠a sido una fuente de poder e identidad y posibilidad. Durante el divorcio de mis padres, cuando ten√≠a 12 a√Īos, y a lo largo de los dif√≠ciles a√Īos que siguieron, practicaba f√ļtbol durante horas, a menudo sola, perfeccionando mi cuerpo y calmando mi mente, con el sudor como distracci√≥n. En la universidad, era primero un atleta y todo lo dem√°s quedaba en un segundo plano. Despu√©s de la universidad, empec√© a correr, a montar en bicicleta, a hacer senderismo... cualquier cosa al aire libre y activa era mi lugar feliz.

Mi cuerpo se había transformado de poderoso a, me parecía, un poco patético.

Pero despu√©s de las operaciones, tras unos meses de quimioterapia y recuperaci√≥n, mis m√ļsculos y mi forma f√≠sica disminuyeron, perd√≠ el pelo, dej√© de tener la menstruaci√≥n, empec√© a tener sofocos y me qued√≥ una cicatriz de 20 cent√≠metros en el centro del est√≥mago. Mi cuerpo hab√≠a pasado de ser poderoso a sentirse un poco pat√©tico.

Mi relaci√≥n de a√Īos con mi novia tambi√©n se resinti√≥. La enfermedad y la cirug√≠a no son exactamente un lenguaje de amor y cada uno de nosotros se vio empujado a nuestros l√≠mites emocionales y f√≠sicos. Aun as√≠, mi compa√Īera se mantuvo a mi lado, comprando Ensure cuando yo no pod√≠a comer mucho m√°s, pasando muchos viernes por la noche en el sof√° para una marat√≥n de pel√≠culas, anteponiendo infinitamente mis necesidades a las suyas.

Lo que perdí, lo que gané

Por suerte, el a√Īo siguiente a la finalizaci√≥n de la quimioterapia me volvi√≥ a crecer el pelo, al igual que los m√ļsculos. Empec√© a hacer triatlones de velocidad y me apunt√© a un equipo de f√ļtbol para adultos. Mi m√©dico y yo conseguimos controlar los sofocos y los sudores nocturnos con una terapia hormonal, que continuar√© durante el resto de mi vida. Mi pareja y yo rompimos unos a√Īos despu√©s, lo que fue duro. Nuestra separaci√≥n se sinti√≥ m√°s como la disoluci√≥n de un matrimonio teniendo en cuenta todo lo que hab√≠amos pasado juntos.

En cierto modo, mi serie particular de p√©rdidas -ovarios, cabello, √ļtero, periodo, fertilidad- dio inicio a una larga exploraci√≥n de d√©cadas sobre el g√©nero, que me ha llevado a repensar, en cierto modo, lo que significa ser mujer. Mucha gente, incluso sin darse cuenta, sigue teniendo una serie de expectativas y suposiciones sobre las mujeres: deben tener un aspecto determinado, ser sensibles y deferentes, abrazar y ejercer su fertilidad. La misoginia est√° muy arraigada; nuestra cultura, con sus casi interminables ejemplos de violencia f√≠sica y psicol√≥gica contra las mujeres, la refuerza cada d√≠a.

Una de las cosas que mi experiencia de la menopausia ha hecho por mí es hacer que mi definición de género sea más amplia, sin que ninguna etiqueta me parezca adecuada para definir quién soy. Fecundidad o no, pelo corto o largo, fuerte o débil, sólo soy yo.

Tuve una menopausia precoz a los 24 a√Īos

Un futuro fértil

Ahora tengo 43 a√Īos y, mirando hacia atr√°s, no puedo decir que tuviera una visi√≥n particular del futuro. Mi pareja de entonces y yo no hab√≠amos hablado realmente de tener hijos; apenas hab√≠amos hablado de los estudios de posgrado. As√≠ que cuando mi onc√≥logo me inform√≥ antes de la primera operaci√≥n de que la extirpaci√≥n de los ovarios significar√≠a que no podr√≠a quedarme embarazada, apenas le di importancia. Uno de los aspectos afortunados de tener una pareja femenina es que suele haber otro √ļtero disponible. Adem√°s, ¬Ņacaso quer√≠a tener hijos? No lo sab√≠a.

A los 24 a√Īos, antes de la menopausia, supongo que ten√≠a ciertas suposiciones sobre el tipo de vida que podr√≠a estar disponible para m√≠, o al menos no disponible para m√≠: hijos biol√≥gicos y todo lo que conlleva. Pero incluso si hubiera sabido que quer√≠a tener hijos con seguridad, no habr√≠a importado mucho. En2004, en el momento de mis operaciones, la congelaci√≥n de √≥vulos estaba a a√Īos de convertirse en algo rutinario. De todos modos, no me lo habr√≠a podido permitir. ¬ŅHe aceptado no tener hijos biol√≥gicos? ¬ŅEs exacto decir que has hecho las paces con algo que no hab√≠as considerado del todo antes de que desapareciera la opci√≥n? Digamos que he aceptado mi realidad.

A fin de cuentas, creo que intentaré estar a la altura de la esencia de la palabra "fértil", que viene del latín fertilis, que significa dar en abundancia, fructífero, productivo. La definición no especifica qué es lo que se da en abundancia. En este momento, mi copa rebosa de amor y aprecio por mi mujer, mi trabajo, mi salud. En cuanto al resto, me conformo con esperar y ver.

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