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Y la gente se volvió loca

¡AL FIN DEJAREMOS YA DE HABLAR DE ESTA COLABORACIÓN!

Y la gente se volvió loca





Cada vez que se aproxima el día del lanzamiento de una colaboración entre un diseñador y la tienda sueca H&M, se vive un clima en el que la locura es más que palpable. Pero el culmen llega cuando se abre la veda de compra y entonces si que se desata la vena consumista. Da igual lo que sea, la cosa es comprar, hacer la cola durante más de tres horas y pelearse por las tallas.

Ya lo vivimos con Lanvin, Mathew Williamson, Comme des Garçons y muchos otros. Este año le ha tocado el turno a Versace. Por si estos últimos meses habías estado en la luna, todos los medios hemos hablado de esto. Nos hemos repetido hasta la saciedad y reconozco que he llegado a odiar el estampado Miami.

Ayer los medios pudieron asistir a la pre-compra que la revista S-Moda organizó en una de las tiendas de Gran Vía de la marca. Si te pensabas que esto era de lo más selecto, te equivocabas. Se vivió una cola tremenda, llena de gente del mundo de la moda con tarjetas de crédito que gritaban por salir a la luz. Los vips y gente de la prensa se hartaron a comprar estampados leopardo, puestas de sol y demás estampados en prendas de la colección.

Hoy la venta estaba abierta para todo el mundo y para poder entrar al corner que se había dispuesto en la tienda tenías que pasar con una pulsera. Éstas se dividían en diferentes colores, según el color que se tratase, entrabas a una hora u a otra, de esta manera garantizaban una compra más organizada. Pero como suele suceder en este tipo de eventos los horarios no se respetan, la gente se pone nerviosa y los que pagan los platos rotos son los pobres chicos y chicas del H&M que llevan reponiendo ropa desde ayer por la noche. Seguro que hoy, cuando su jornada de trabajo termine, odian a todo el género humano.

No concibo la idea de hacer cola para poder ojear una colección. No para comprarla, porque sólo quería mirar, ya que Versace no es muy santo de mi devoción, pero me picaba la curiosidad de ver de cerca cómo estaban rematadas las piezas, cuál era su calidad y todas esas dudas que nos asaltan cuando se producen estos tipos de colaboraciones. Como comprenderéis, el tiempo es oro y pedir un día libre sólo para poder tocar cuatro bomber y tres vestidos, no se me pasa ni por la cabeza. A las 11 del día me daban hora para poder entrar a comprar (si es que quedaba algo) para las dos y media ¿perdón? Mi comprender. Con las mismas he puesto pies en polvorosa y he dicho "chao Donatella".

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